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martes, 1 de mayo de 2012

Luces, cadenas, involución.

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”. Miguel de Cervantes (novela “Don Quijote de la Mancha”). 

Mas así no se aventura la vida a pesar de que se pueda, pues el ser humano saquea lo que le ofrece el planeta, y de forma discreta lo hiere de muerte, pues prefiere sus tesoros sin tomar en cuenta la realidad inherente de que el oro no vale más que la honra, y que, si se hunde el mundo, también lo harán sus habitantes entre las sombras. 

El honor se ha perdido con el paso del tiempo, justificando el dolor que se causa, justificando los medios para conseguir remedio a la sensación de imperfección que asediaba a los humanos y que todavía los asedia cuando ven vacías sus manos y en realidad las tienen llenas, ya que la ambición de progreso se ha transformado en codicia entre el smog que los envicia y las armas de fuego que utilizan como un juego para acabar con las vidas de aquellos que se le oponen. 

“Cualquier antropólogo sabe que ya en el neolítico las necesidades básicas del hombre estaban satisfechas”. William Ospina (ensayo “Los nuevos centros de la esfera”, publicado en el año 2001). 

Mas, sin embargo, el hombre ha creado otras nuevas necesidades mentales, desde bebidas gaseosas hasta algo tan inútil y dañino como los fuegos artificiales, y gracias a ellas, de un salto, la Tierra en un sobresalto ya estaba siendo agredida por el complejo suicida de una raza que cercena su propia libertad bajo su propia potestad, y vive con cadenas pagando la condena que ellos mismos inventaron. 

El consumismo, irónicamente, a la raza humana ha ido consumiendo entre falsos profetas que dicen tener la receta para que la vida mejore, sin importar cuánto se deteriore el entorno. Pero lo que menos tiene reparo es que se inventaran artefactos que mataran de un disparo por diversión o cual sea la causa, la consecuencia es la misma y es nefasta: sangre derramada de una forma deshonrosa, y en la mayoría de los casos innecesaria. 

Sin reparo ni vacilación, procesos como la colonización han satanizado culturas, dándoles sepultura para obtener sus riquezas, evitando sutilezas y recurriendo a la barbarie que, sin desaire, queda plasmada en la historia y en la memoria de muchos. Tal es el caso de numerosos pueblos indígenas cuyo territorio, cultura y riquezas fueron saqueados con la promesa de un progreso que nunca se ha visto, pues aquel que observe detenidamente se dará cuenta que lamentablemente el desarrollo tecnológico no es tan lógico como parece, y que el entorno desfallece en el nombre del progreso, junto con los valores antiguos, tan deteriorados como un río con el veneno espeso de la contaminación. 

“…Están los que no quieren que hablemos… (…) Porque, aunque puedes usar la macana en vez de la conversación, las palabras siempre retendrán su poder. Las palabras dan significado a las cosas y, para los que escuchan, anuncian la verdad. La verdad es que algo anda muy mal… (…) ¿Quién tiene la culpa? Algunos son más responsables que otros y tendrán que rendir cuentas, pero la verdad es que, si buscan al culpable, solo necesitan mirarse en el espejo. Yo sé por qué lo hicieron, sé que tenían miedo. Es comprensible: guerra, terror enfermedad… hubo muchísimos problemas que conspiraron para corromper su razón y quitarles el sentido común”. (Discurso de “V”. Película “V for Vendetta” [V de Venganza], publicada en el año 2006). 

El poder de la palabra también se ha perdido y, como dice “V” en su discurso, el humano ha huido despavorido ante los problemas actuales, haciéndose el ciego ante las situaciones que realmente sí le atañen, por la vida a la que se aferran, por miedo a la guerra que llegará de todos modos. Las palabras ya no son suficientes para evitar un combate, cada país se siente en “jaque” y se prepara incesantemente para destruir a sus semejantes, pero es más cómodo hacerse la vista gorda a pensar que se está echando al mundo por la borda. 

Y cuando mueren seres humanos, especialmente en grandes cantidades, es inevitable la pérdida de cultura, mucho más si es palpable el hecho lamentable de que fueron aplastados por humanos opresores renombrados por los autores de los libros que se usan para educar en los colegios, los cuales tildan de privilegio lo que tuvo Europa porque mejoró su comercio con productos americanos, que afirman que los mismos fueron esclavizados pero no que los masacraron, y que les impusieron la religión católica, pero no que por ello a muchos quemaron vivos. 

Fueron versos vomitados por humanos perversos en las lápidas de los que cayeron de bruces por no soportar el peso de las cruces que pusieron sobre sus culturas y destruyeron sin lógica ni cordura alguna, dejando solo escombros irreparables, usando un fusil para complementar los sables y dejar deshechas a las mujeres con sus niños y muertos a los hombres con sus flechas que se alzaron en el nombre de la supervivencia del honor. Y no se trata del color con que pinten sus banderas sino de la gran tapadera con la que justifican sus actos. 

Si ésta es la evolución, es necesario involucionar y recapacitar sobre lo que realmente se necesita: no municiones ni dinamita, sino la paz mundial y una alternativa saludable para el humano y para su entorno, pues, o recapacita ahora, o hará un viaje sin retorno. 

“Cuando me preguntaron sobre algún arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica yo sugerí la mejor de todas: La paz”. Albert Einstein. 

El mundo, actualmente, tiene más edificios que árboles, más aire contaminado que puro, más balas que libros, más enfermedades, más odio, más injusticia, más asesinatos, más aberraciones, más ignorancia, más productos inútiles, más necesidades creadas por el consumismo, más intolerancia, más violencia, más opresión, más miedo. Tiene más de todo esto y de muchas otras cosas, y, por la misma razón, es menos cada día. 

El cambio no se hace solo, y, por las personas que están sentada esperándolo, ya es casi imposible. El cambio debe hacerse desde hoy, y no se forma paulatina sino drástica. Es necesario destruir todo tipo de arma de fuego o nuclear y toda industria que se encargue de fabricarlas. Es necesario disminuir casi en su totalidad la tala de árboles, la contaminación. Es necesario dejar de sacrificar al planeta en nombre de la evolución. Es necesario sembrar billones de árboles nuevos, controlar la sobrepoblación, fomentar la agricultura y ganadería para la producción de alimentos propios. ¿Realmente existe la evolución, cuando es necesario retroceder siglos en el tiempo para sobrevivir? 

“Yo he soñado con un Japón unido, con un país fuerte, independiente y moderno. Y ahora, tenemos trenes y cañones, ropa occidental, pero no podemos olvidar quiénes somos ni de dónde venimos”. (Palabras del emperador japonés en la película “The Last Samurai” [El último samurái], publicada en el año 2003, luego de una batalla en la que japoneses armados con cañones y rifles masacraron sin piedad a rebeldes japoneses que luchaban con katanas, arcos y flechas por mantener la cultura de su país).

La educación adecuada y la moral son la base fundamental para solventar los problemas de Venezuela.

Muchos son los problemas que afectan actualmente al país, pero el principal, y la causa de todos los demás, es la baja calidad de la educación que se imparte en las casas, las escuelas, las universidades, y las malas conductas que inculcan los medios de comunicación en general, las cuales influyen en la pérdida de la moral del venezolano. 

Pregúntele en la calle a cualquier venezolano si no sueña con vivir en un país en el que pueda salir de su casa sin miedo a que le vayan a robar el celular, el carro, o lo vayan a matar en la esquina, si no sueña con vivir en un país en donde un sueldo mínimo le alcance para pagar la comida, la luz, el agua, el alquiler del apartamento, y sus necesidades básicas en general. Me atrevo a decir que cualquiera que de verdad sea venezolano, que ame a su país, responderá afirmativamente. 

Vamos a tomar como ejemplo estos dos problemas, que son los que la mayoría de los venezolanos considera como los principales: la delincuencia y la economía. Las dos razones principales por las que un delincuente roba y mata, son la necesidad y el resentimiento. Según cifras publicadas por el diario El Nacional, entre los años 1998 y 2009 ocurrieron 123.091 asesinatos en todo el territorio venezolano. El ministro de Relaciones Interiores, Tarek El Aissami, reconoció, en su mensaje a la Asamblea Nacional, que sólo en el año 2010 ocurrieron 13.840 asesinatos, cifra que nos transforma en el país con el mayor índice de homicidios de América. ¿Cómo se combate la delincuencia? ¿Cómo se satisface la necesidad del delincuente, y se sana su resentimiento?: Educación adecuada y moral. 

Si se creara conciencia para que, en las casas, se le enseñe a todos los niños la importancia de ir a la escuela, ser bachiller y obtener un título universitario, si los docentes de las instituciones públicas y privadas, a nivel general, tuvieran la preparación adecuada para algo tan importante como enseñar, si no existieran ingenieros que dan clases de inglés, ni biólogos que dan clases de matemática, si se le pagara a un docente un sueldo digno, acorde con la gran labor que está desempeñando, si la gente tuviera la preparación adecuada para no dejarse engañar, y elegir a unos gobernantes que fomenten las oportunidades de tener un empleo digno, si se le enseñara con el debido énfasis a una persona, desde su niñez, que consumir drogas lo va a llevar por un mal camino, se reduciría enormemente los casos en los que alguien roba para poder comer. Si las propagandas no nos dijeran constantemente, de una forma bastante sublime "si no tienes esta ropa no vas a ser aceptado", o "sólo si te compras el último Blackberry la gente te va a ver bien", no existirían tantos vanidosos que van por la calle enseñando todos sus lujos para sentirse aceptados, ni existirían tantos delincuentes que se sienten inferiores, y por resentimiento, los matan. 

Si los juicios no fueran una subasta, en el que, si es que se estudia el caso y se llega a un juicio, (7% de los casos, según las estadísticas más actuales del CICPC) el que paga más, es el que tiene el veredicto a su favor, reinaría la justicia sobre la impunidad, y la delincuencia no se desbordara. Si la Guardia Nacional no estuviera infectada con "gente", cuyas únicas cualidades son poder beber cerveza y jugar dominó todo el día, y buscar excusas para quitarte dinero, los delincuentes no se sentirían tan libres. 

En estos días me conseguí a un tipo de mi edad, que vivía cerca de mi residencia. Estuvo preso por andar repartiendo marihuana y cocaína por toda Caracas, recibió una puñalada una vez por darle harina al comprador. Le pregunté si estaba estudiando, y con una sonrisa en la cara me contestó: "¿Para qué voy a estudiar, gafo?, yo ni terminé el bachillerato, me metí a Guardia Nacional y listo", acto seguido se saca la gorrita verde del bolso, y yo sólo pude pensar que el país se está cayendo a pedazos. Para concluir, dejo dos frases de dos personas que no fueron precisamente dealers/Guardias Nacionales: 

"Moral y luces son nuestras primeras necesidades". Simón Bolívar. 


"The only thing more expensive than education is ignorance" (La única cosa más cara que la educación, es la ignorancia). Benjamin Franklin.

They Call me Crazy.

Abren la puerta del cuarto
pues consiguieron la llave,
y la palabra clave
será "detente".

Ante el terror latente
del ensimismamiento profundo
de navegar en otro mundo
y no haberme dado cuenta.

Y de forma violenta
vuelvo a entrar en razón,
doy paso a la exasperación
cuando mis manos toman.

El brillo de una inyectadora
que su camino hace,
y ahora en mi cuerpo nace
la profunda somnolencia.

Abro los ojos
y a lo lejos los veo hablando,
lentamente enfocando
pero sin oír qué dicen.

Paredes grises
combinan con mi futuro,
en aquel cuarto oscuro
buscando cómo escaparme.

¿Van a matarme?
En el aire está la pregunta,
y mis nervios de punta
cuando siento que regresan.

-Una sorpresa les daré-
es lo que pienso,
y el camino más extenso
es el que elijo en la carrera.

Tropas enteras
persiguen la recompensa,
y con camisa de fuerza
me encuentro a los dos minutos.

-¡Qué poco astuto!-
pienso para mis adentros,
con los brazos somnolientos
porque me mordió la cobra.

Y es por mi obra
que el ejército me atrapa,
y bajo la capa
ya no tengo mi espadas.

Las carcajadas
se escuchan a los lejos,
en la sala del espejo
donde veo el mar de fondo.

Que está tan hondo,
que me aterra solo mirarlo,
y veo el fajo
de billetes en la esquina.

Pues la entidad mezquina
la ha ganado en la captura,
pero en mi sepultura
al bosque yo seguiré viendo.

Corro aunque cayendo,
busco la salida,
un plato de comida
me detiene al instante.

Como, aunque distante,
pues sé que estoy dormido
cuando calma mis alaridos
otra mordida punzante.

-Vas a estar bien-
me dice aquel ángel de blanco,
aunque sus alas esconde
y eso no es un buen presagio.

Y por las paredes blancas
supongo estar en el cielo,
y muero porque siento
que murieron mis anhelos.

Raised to the Fall.

Como subir las escaleras
de un rascacielos,
cada vez es más difícil
a veces siento que no puedo.

Y me detengo,
y de ti me he de reír,
y de a ratos, se me olvida de a ratos
que tengo que subir.
De a ratos no te quieres ir.

Y pasan vidas, muertes
y millones de cosas en el medio,
ya no es tedio, ya no es odio,
no es conseguir el remedio.
Es quizás no tomarlo en serio.

Veo la luna
rodando en ese pasillo,
veo tus labios
y también veo el cuchillo.

Veo la oscuridad
que es tu mejor aliada,
siento el frío de la noche oscura
al cerrar la ventana.

Y corro las cortinas
para no ver hacia afuera,
no quiero ni pensar
en el por qué y lo que me espera.
Nunca voy a encender la hoguera.

Y veo en las esquinas
tu equilibrio perderse,
y mis brazos tienen piernas pues por sí solos corren a socorrerte.
Aunque ahora yo no pueda verte.

Y sigo en la subida
resolviendo la diatriba,
mi subconsciente piensa
que tú me esperas arriba.

Y veo la salida
pero no quiero tomarla,
consígueme la cura
solo para derramarla.

Y por tu puerta irrumpen
las voces que te llevo,
desde la noche oscura
donde ya yo no te veo.

miércoles, 21 de marzo de 2012

23 Daggers

Las bases frías
que la anteceden,
la algarabía
que por mí intercede.

Precipitadas
las decisiones,
y sin pensarlo
son agresiones.

A esta alma impura
que está en la lucha
y no encuentra cura
a la amargura.

Palabras suaves
maquillan sentimientos:
crean deslaves
en el ensimismamiento.

Ya los escudos
están diezmados,
contempla, ¡vamos! contempla
el monstruo que has creado.

Y la esperanza
es la nube negra,
y tus palabras
ya la celebran.

Pues ya la mismas
se tornan vanas,
en la mugre
de la conciencia insana.

¿Habrá un mañana?
Cabe la pregunta,
pues ya las peleas
se hacen mudas.

Sabor amargo
en cada interludio,
viene tu fracaso
con mi repudio.

Y atento estudio
tus movimientos,
que son cimientos
con poca base.

Si se acabase
te arrepentirás,
y en poco tiempo
no habrá vuelta atrás.

Se tornan dolorosas
las pantomimas,
crueles esbozos
de armas mezquinas.

¿Serás la voz
dentro de mi mente
cuando la duda se vuelva contra mí,
se haga presente?

Una vez más
no encuentro el atajo
para mantener a raya
los altibajos.

Viene la curva
y no tengo frenos.
Sutil, si,
fue sutil tu veneno.

Y ahora temo
por el nuevo día,
de café caliente
y de vida fría.

De a momentos
pienso en la soledad,
en mi inconformidad,
en tu mezquindad.

Ya no somos niños,
y esto no es un juego,
encendimos fuego
entre amor y cariño.

Ya tus palabras
no concuerdan con tus actos,
y se cierra el pacto
con cada puerta que abra.

Así será,
aunque tuerzas tus discursos,
si tus actos siguen débiles
y no cambia el curso.

Del impulso, de la sed,
del calor, dolor y hambre,
de la abeja desahuciada
peleando lejos de su enjambre.

El mañana ya llegó,
y quedará a mi criterio
si mereces ir al cielo
o te dejo en el cementerio.

De sociedades cegadas,
de multitudes armadas
que acarician la llegada
de emociones maquilladas.

domingo, 4 de marzo de 2012

Haelt Craam.

Como un pueblo que se levanta
encendiendo antorchas,
así perseguirán mis prosas
y versos la energía que fluye.

Cuando lo que se intuye
no es precisamente la calma,
sino una unión de almas
que a ejércitos prende en llamas.

Dime que me amas
aunque yo ya lo sé,
pues escucharlo otra vez
hará que resucite mi esperanza.

Si pongo en una balanza
lo que hemos vivido,
todo lo que fuimos
no se compara con lo que somos.

Y con mi ataque te desplomo,
y tu sonrisa te delata,
y veo los ojos de gata
que vigilan lo que hago.

Con tu reflejo en el lago,
a la luz de la luna,
prepararemos la cuna
y nacerá nuestro protector.

Que no es más que el luchador
con tus destrezas y las mías,
pues de la noche hasta el día
Te Amo y somos uno solo.

Tú eres las gotas rojas
que de noche me alimentan,
y en la selva de tu pelo
yo encontré todas las letras.

Para plasmar en papel
con la tinta que es mi propia sangre,
que sacias mi curiosidad
y eventualmente mi hambre.

domingo, 29 de enero de 2012

Las Palabras que a mí me escriben.

Y en el reflejo
su espejo,
en su vista al mar
la ventana.

En esta vida pagana
que se vive a expensas de este chico,
la humanidad dio un brinco,
y los ángeles tocan la aldaba.

Pues si en la batalla está en juego
la vida de ese ser humano,
se me atarán las manos,
no importa cuán fuerte esté el fuego.

Y yo que ruego
por sentir la alegría,
pero en la máscara fría,
no habrá paso al desasosiego.

Y yo que ansío,
tenerte aquí al lado mío,
pero viene la puñalada,
y me toca huir de nuevo.

Son intentos fallidos
de las palabras que se llevan vientos,
que con sentimientos
elevan ángeles caídos.

Por haber sido
lo que en un tiempo estaba prohibido,
no queda sino afrontar
el paisaje descolorido.

Y atento espero
para no decir que te quiero,
y que las flores deshojen mis dedos
hasta que se acaben.

Y aunque se claven
las venas en mis espinas,
llegaré a la cima
con lágrimas que botan ojos.

Son sentimientos
que jamás se dicen,
que si respiras omites
y sino te van consumiendo.

Que si se cae la espada
por el abismo inconcluso,
me encontrarán recluso
en el olor de una mirada.

Abre las puertas
para que no salga nunca,
y que el silencio me cubra
como una niña enamorada.