“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”. Miguel de Cervantes (novela “Don Quijote de la Mancha”).
Mas así no se aventura la vida a pesar de que se pueda, pues el ser humano saquea lo que le ofrece el planeta, y de forma discreta lo hiere de muerte, pues prefiere sus tesoros sin tomar en cuenta la realidad inherente de que el oro no vale más que la honra, y que, si se hunde el mundo, también lo harán sus habitantes entre las sombras.
El honor se ha perdido con el paso del tiempo, justificando el dolor que se causa, justificando los medios para conseguir remedio a la sensación de imperfección que asediaba a los humanos y que todavía los asedia cuando ven vacías sus manos y en realidad las tienen llenas, ya que la ambición de progreso se ha transformado en codicia entre el smog que los envicia y las armas de fuego que utilizan como un juego para acabar con las vidas de aquellos que se le oponen.
“Cualquier antropólogo sabe que ya en el neolítico las necesidades básicas del hombre estaban satisfechas”. William Ospina (ensayo “Los nuevos centros de la esfera”, publicado en el año 2001).
Mas, sin embargo, el hombre ha creado otras nuevas necesidades mentales, desde bebidas gaseosas hasta algo tan inútil y dañino como los fuegos artificiales, y gracias a ellas, de un salto, la Tierra en un sobresalto ya estaba siendo agredida por el complejo suicida de una raza que cercena su propia libertad bajo su propia potestad, y vive con cadenas pagando la condena que ellos mismos inventaron.
El consumismo, irónicamente, a la raza humana ha ido consumiendo entre falsos profetas que dicen tener la receta para que la vida mejore, sin importar cuánto se deteriore el entorno. Pero lo que menos tiene reparo es que se inventaran artefactos que mataran de un disparo por diversión o cual sea la causa, la consecuencia es la misma y es nefasta: sangre derramada de una forma deshonrosa, y en la mayoría de los casos innecesaria.
Sin reparo ni vacilación, procesos como la colonización han satanizado culturas, dándoles sepultura para obtener sus riquezas, evitando sutilezas y recurriendo a la barbarie que, sin desaire, queda plasmada en la historia y en la memoria de muchos. Tal es el caso de numerosos pueblos indígenas cuyo territorio, cultura y riquezas fueron saqueados con la promesa de un progreso que nunca se ha visto, pues aquel que observe detenidamente se dará cuenta que lamentablemente el desarrollo tecnológico no es tan lógico como parece, y que el entorno desfallece en el nombre del progreso, junto con los valores antiguos, tan deteriorados como un río con el veneno espeso de la contaminación.
“…Están los que no quieren que hablemos… (…) Porque, aunque puedes usar la macana en vez de la conversación, las palabras siempre retendrán su poder. Las palabras dan significado a las cosas y, para los que escuchan, anuncian la verdad. La verdad es que algo anda muy mal… (…) ¿Quién tiene la culpa? Algunos son más responsables que otros y tendrán que rendir cuentas, pero la verdad es que, si buscan al culpable, solo necesitan mirarse en el espejo. Yo sé por qué lo hicieron, sé que tenían miedo. Es comprensible: guerra, terror enfermedad… hubo muchísimos problemas que conspiraron para corromper su razón y quitarles el sentido común”. (Discurso de “V”. Película “V for Vendetta” [V de Venganza], publicada en el año 2006).
El poder de la palabra también se ha perdido y, como dice “V” en su discurso, el humano ha huido despavorido ante los problemas actuales, haciéndose el ciego ante las situaciones que realmente sí le atañen, por la vida a la que se aferran, por miedo a la guerra que llegará de todos modos. Las palabras ya no son suficientes para evitar un combate, cada país se siente en “jaque” y se prepara incesantemente para destruir a sus semejantes, pero es más cómodo hacerse la vista gorda a pensar que se está echando al mundo por la borda.
Y cuando mueren seres humanos, especialmente en grandes cantidades, es inevitable la pérdida de cultura, mucho más si es palpable el hecho lamentable de que fueron aplastados por humanos opresores renombrados por los autores de los libros que se usan para educar en los colegios, los cuales tildan de privilegio lo que tuvo Europa porque mejoró su comercio con productos americanos, que afirman que los mismos fueron esclavizados pero no que los masacraron, y que les impusieron la religión católica, pero no que por ello a muchos quemaron vivos.
Fueron versos vomitados por humanos perversos en las lápidas de los que cayeron de bruces por no soportar el peso de las cruces que pusieron sobre sus culturas y destruyeron sin lógica ni cordura alguna, dejando solo escombros irreparables, usando un fusil para complementar los sables y dejar deshechas a las mujeres con sus niños y muertos a los hombres con sus flechas que se alzaron en el nombre de la supervivencia del honor. Y no se trata del color con que pinten sus banderas sino de la gran tapadera con la que justifican sus actos.
Si ésta es la evolución, es necesario involucionar y recapacitar sobre lo que realmente se necesita: no municiones ni dinamita, sino la paz mundial y una alternativa saludable para el humano y para su entorno, pues, o recapacita ahora, o hará un viaje sin retorno.
“Cuando me preguntaron sobre algún arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica yo sugerí la mejor de todas: La paz”. Albert Einstein.
El mundo, actualmente, tiene más edificios que árboles, más aire contaminado que puro, más balas que libros, más enfermedades, más odio, más injusticia, más asesinatos, más aberraciones, más ignorancia, más productos inútiles, más necesidades creadas por el consumismo, más intolerancia, más violencia, más opresión, más miedo. Tiene más de todo esto y de muchas otras cosas, y, por la misma razón, es menos cada día.
El cambio no se hace solo, y, por las personas que están sentada esperándolo, ya es casi imposible. El cambio debe hacerse desde hoy, y no se forma paulatina sino drástica. Es necesario destruir todo tipo de arma de fuego o nuclear y toda industria que se encargue de fabricarlas. Es necesario disminuir casi en su totalidad la tala de árboles, la contaminación. Es necesario dejar de sacrificar al planeta en nombre de la evolución. Es necesario sembrar billones de árboles nuevos, controlar la sobrepoblación, fomentar la agricultura y ganadería para la producción de alimentos propios. ¿Realmente existe la evolución, cuando es necesario retroceder siglos en el tiempo para sobrevivir?
“Yo he soñado con un Japón unido, con un país fuerte, independiente y moderno. Y ahora, tenemos trenes y cañones, ropa occidental, pero no podemos olvidar quiénes somos ni de dónde venimos”. (Palabras del emperador japonés en la película “The Last Samurai” [El último samurái], publicada en el año 2003, luego de una batalla en la que japoneses armados con cañones y rifles masacraron sin piedad a rebeldes japoneses que luchaban con katanas, arcos y flechas por mantener la cultura de su país).